EDITORIAL

Los últimos acontecimientos denunciando a República Dominicana en dife-rentes foros tanto dentro como en el extranjero pintan a ese país como uno de los más racista y cuyo odio hacia los haitianos seria digno de una condena internacional. Desde grupos de derechos humanos, religiosos y manifestaciones en otros países como Francia se han dado a la tarea de exigir respeto por los derechos civiles de los ciudadanos de nuestro hermano país de Haití.


Es un retrato selectivo y hasta mal intencionado, evaluar la situación de los haitianos en República Dominicana solo por el lado de los bateyes que sin lugar a dudas viven en condiciones infrahumanas. Estos, sin embargo, son las minorías. Y que decir de los miles de haitianos que caminan libremente por nuestras calles; unos trabajando honradamente, otros, estudiando o sencillamente pidiendo monedas en las esquinas de los semáforos.


Es la otra cara de la moneda. La otra cara a las denuncias de discriminación a los haitianos. La cara de los miles de haitianos que estudian en nuestras universidades, de los miles que trabajan en la construcción, de los miles que trabajan en el campo, de los miles que trabajan en las ciudades, de los cientos de mujeres que se les da asistencia de salud en nuestros hospitales.


Estoy seguro que todos estos hermanos haitianos que hacen vida, se sostienen y mantienen sus familias que viven en Haití a través de las remesas que se calculan en unos RD$800. millones mensuales tienen una opinión diferente de República Dominicana como país receptor de los haitianos.


La inmigración haitiana y sus efectos en República Dominicana hay que analizarlas con profundidad dado el impacto social, económico y político para ambas naciones. La intriga, el apasionamiento o la conveniencia de particulares en nada ayuda a solucionar una situación que de por si es bastante complicada.


La solución esta en dialogo y la búsqueda de soluciones respetando cada cual sus leyes en materia de migración y la soberanía como estado independiente. Saludamos las palabras y la firme decisión del presidente haitiano René Préval cuando dijo: “que nada ni nadie afectará las relaciones entre Haití y República Dominicana mientras él sea gobernante”. Nosotros agregamos que sea nunca.


Veamos pues la otra cara de la moneda. Pongamos en una balanza las cosas positivas y negativas y trabajemos juntos para resolver nuestros problemas y vivir en paz.

La otra cara de la Inmigración Haitiana a República Dominicana
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